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Estamos viviendo momentos de grandes cambios a nivel mundial, vivimos globalizados, la tecnología ha avanzando a pasos agigantados, influyendo en cada uno de nosotros, esto es muy positivo porque vivimos en un mundo que nos ofrece innumerables oportunidades en todos los sentidos, tenemos más opciones para elegir, contamos con más medios de llegar a nuestros objetivos, impresionantes medios de comunicación con gran afluencia de informaciones, todo esto es muy reciente, los cambios ocurren minuto a minuto; prueba de ello es la convivencia entre varias generaciones completamente diferentes en la forma de pensar, sentir y actuar, a través de la cual es posible construir un mundo de paz y progreso sostenible.

El aspecto menos positivo ocurre cuando estos cambios experimentamos como mayores exigencias en el campo profesional, sin percibir que debemos y es posible generar más recursos para obtener la gran oferta de opciones, da la impresión que al tener más, pareciera que en realidad necesitáramos aún mucho más, parece que al tener más percibimos que nos falta más. Vemos en nuestro entorno familias y amigos pensando de forma diferente, estamos mucho más en contacto, pero nos sentimos más solos.

Feliz o infelizmente no tenemos opciones para modificar toda esta realidad, este nuevo momento del mundo que nos rodea hace que cada día vivamos mas entrelazados. Como no podemos alterar el curso de esta avalancha de cambios y consecuentemente el impacto que tiene sobre nosotros, que si no estamos abiertos y preparados para ello, este impacto se traduce en sufrimiento para uno mismo. La pregunta que surge de manera instantánea es ¿Qué hacer para revertir esta situación planteada?

Las organizaciones enfrentan también las mismas oportunidades y amenazas, ante cambios tan radicales donde cada vez más las exigencias para permanecer en el mercado se manifiestan de maneras más fuertes, las respuestas deben ser más eficientes y eficaces. Las empresas están formadas por personas, si las empresas son presionadas, también sus componentes lo son.

Este panorama no puede modificarse, la opción que tenemos es aprovechar lo máximo posible las oportunidades y disminuir las amenazas, esta opción demandará seguir el camino correcto, probablemente la única, la de modificarnos a nosotros mismos, acompañando estas modificaciones a través de una actitud abierta ,positiva y de autoconocimiento.

Existen básicamente dos realidades, el yo y los otros, el primero se refiere a mi ser, mi ego, interior, los otros son todos los que están fuera de mi yo, a eso denominamos lo exterior, cuando un desequilibrio se manifiesta entre el interior y lo exterior, genera una presión que se traduce en sufrimiento. Sobre los otros o lo exterior no podemos influenciar de manera suficiente como para minimizar el impacto del sufrimiento sobre nosotros.

Sí, podemos influenciar de manera muy importante sobre nosotros mismos, esta importancia se traduce en que nosotros tenemos el poder de modificarnos, alterar nuestros pensamientos, sentimientos y acciones frente a cada estimulo proveniente del exterior, de los otros. “Conócete a ti mismo”, un aforismo muy antiguo, es la fórmula que aun rige, la que seguirá siendo la más importante por un buen tiempo.

El nuevo paradigma se refiere a eso, nuevos tiempos, que exigen cambios en la forma ser, pensar, sentir y actuar. Este nuevo paradigma no es el futuro, ya la estamos viviendo, personalmente y a través de las organizaciones, es como un tren que ya está en pleno viaje, la cuestión es si decidimos embarcarnos en ella, aprovechando todas las oportunidades que tenemos a disposición, o esperar a que pasen varios trenes, en la estación de la vida. Tenemos la “gran intención” de poner “nuestro pequeño aporte” a este embarque para que se haga de la mejor manera, y nos lleve a mejor destino.

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